Historia de San Valentín

Todos conocemos el 14 de febrero como el día de los enamorados. Aunque muchos aprovechan ese día para hacer algún gesto romántico hacia su pareja y mostrar así su amor, pocos conocen el inicio de esta tradición y del por qué se celebra este día. Sigue leyendo “Historia de San Valentín”

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Cualquier día es bueno

“La vida es una constante espera de momentos: esperas a que suene el despertador. Esperas que se haga el desayuno. Esperas a ir al trabajo. A salir de él. Esperas que llegue la hora de ducharte. De cenar. De irte a dormir. Esperas a que llegue mañana. El próximo finde. El próximo mes. El próximo año. Siempre estamos esperando.”

Así es una parte de la actuación de Luis Piedrahita a la que asistí estas navidades pasadas. Me hizo pensar un poco más en la idea que ya tenia de antes de actuar más y no dejar pasar el calendario esperando algo que tal vez, no llegue nunca. Ese pequeño fragmento evidencia, con una razón escandalosa, que no controlamos nuestro propio tiempo ni ritmo de vida.  Las horas se suceden a una rapidez vertiginosa. Nos llevan por delante como si fuéramos un trozo de papel en mitad de una ventolera. 

Ello nos ha llevado a la costumbre de correr, de ir de frente, de tirar hacia delante llegando a perder la conciencia del espacio. Nuestro espacio. La vida -o sociedad- nos ha impuesto un orden, una forma de hacer las cosas. Así, lo establecido es lo que importa, es lo que rige todo. 

  • ¡Hola! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo estás?
  • ¡Ostras! ¿Qué pasa? ¡Que bien te veo!
  • ¡Lo mismo te digo! ¡Estás hecho un chaval! Venga, que te invito a una cerveza y nos ponemos al día.
  • Uf, que va tío. Es martes. No acostumbro a salir hasta el fin de semana. ¿Nos vemos entonces?
  • Me es imposible. Cojo el vuelo de vuelta el jueves por la noche…

Al final, esos amigos no quedaron y por circunstancias de la vida no volvieron a verse. Esa cerveza, un martes cualquiera, les habría llenado de satisfacción y regalado un momento que tal vez, recordarían mucho tiempo. 

Con esto quiero decir que siempre estamos esperando, como dice Luis, a que sucedan las cosas. No somos capaces de ir a por ellas, de respirar hondo, de parar, de ver que es lo que nos apetece y hacerlo. Nos dejamos llevar y no sacamos provecho de las distintas situaciones que se nos presentan en el día. 

Yo he aprendido – y aún sigo haciéndolo- que cualquier día es bueno para tomar esa cerveza que los dos amigos no se tomaron. De poner música un lunes a todo volumen y bailar como si fuera sábado. Para sonreír un miércoles por la noche en el trabajo como si estuvieras de vacaciones. Para vivir cada momento aunque solo estés esperando a que se haga el desayuno. Para dar ese beso. Esa caricia. Para llamar a tus seres queridos. Para tomarte esa copa de vino simplemente porque te apetece, un jueves asqueroso a las cinco de la tarde. Cualquier día es bueno para dejar de esperar y hacer lo que te de la gana. Cualquier día es bueno para empezar a vivir… 

Una Navidad cualquiera

Última hora. El tutor empieza a llamar por orden de lista donde nos vamos acercando hacia su mesa. Un poco de nervios. El trimestre ha ido bien. Más que bien. 4 sobresalientes y 5 notables. El profesor da sus últimas palabras mientras nosotros (yo) esperamos impacientes el sonido de la campana. ¡Ding ding ding ding ding! Ahí está. Ruido estrepitoso y empieza la ilusión. Sigue leyendo “Una Navidad cualquiera”